SOLO ESCUCHAMOS LO QUE QUEREMOS ESCUCHAR

En diversos espacios se discute sobre los pro y los contra de las nuevas tecnologías vinculadas a la comunicación humana en todas sus formas. Como suele ocurrir cuando las cuestiones se observan desde el equilibrio y la sensatez, debemos aceptar que en muchos aspectos la posibilidad de que cualquiera, en cualquier lugar del mundo, sin tener medios económicos a su disposición pueda llegar con su mensaje a los puntos mas reconditos del planeta de manera instantánea, es una verdadera revolución. Que las personas con las culturas mas diversas puedan contactarse del mismo modo entre ellas sin tener que recurrir a los medios convencionales de comunicación como intermediarios, es algo que ni Julio Verne había previsto para el siglo XXI. Pero como decíamos al comienzo,  desde otra otra óptica, a medida que todo ello se fue consolidando, a su vera, se fueron gestando aplicaciones, plataformas y programas financiados con diversas publicaciones que a través de sofisticados mecanismos van registrando y archivando nuestros personales gustos y tendencias en los más distintos campos y nos «invitan» permanentemente a consumir solo aquello que forma parte de nuestro pequeño mundo. Esto tiene múltiples lecturas, ya que nos coloca indirecta y muchas veces inconscientemente, en un espacio muy chiquito que va minando el espíritu crítico y refuerza nuestras argumentaciones tendiendo a afianzar dogmáticamente las propias ideas y convicciones. Quizás, de algún modo ello explica la «guerra» que muchas veces se observa en las redes, dejando muy poco espacio para la reflexión. No siempre la abundancia de datos estimula nuestra inteligencia, solo el someter a permanente cuestionamiento y observación las mas íntimas convicciones nos vincula de modo mas sano con nuestros semejantes.

3 Respuestas

  1. Carlos Diaz
    Carlos Diaz 10 de octubre de 2019 at 1:12 AM |

    El problema surge cuando la “abundancia de datos” pasa a ser manipulado o “filtrado” por los infaltables politiqueros que solo sirven a fines corporativos y para estimular más consumo; pero sobre todo: el lavado de cerebro mediante una masiva des-información, distracción y distorsión actual de los verdaderos valores humanos y de una real consciencia mundial. La influencia de grupos corporativos y agendas egoístas sobre cada país, fragmentan informaciones con propósitos mucho más oscuros que lo que creemos saber. Asimismo, al no ver claro no solo lo interno en lo psicológico, sino que incluso los problemas geopolíticos están íntimamente relacionados con el propio país y su población. Todo ello afecta al planeta entero como a un organismo, pero la «cultura» nos “obliga” a creer todo lo superficial con que nos educa y distrae por los medios con sus fragmentos, omitiendo los reales planes oscuros de minorías elitistas y poderosas que controlan las economías y políticas de cada país, manipulando candidatos y utilizando sus mismos medios para promover nacionalismos, política divisiva y religiones. Todo ello tiene un fin muy oscuro: estupidizar y controlar más a la gente masivamente.
    Con todo, ahora se suma el avance de inteligencia artificial y los medios interactivos, que producen una creciente y peligrosa simbiosis entre la mente humana y las actuales “redes sociales”, llegándose incluso a controlar máquinas en interactuar con computadoras, las cuales tienden a ser más impersonales, pero que en los humanos estimulan conductas casi adictivas. La gente dialoga cada vez menos frente a frente, ahora “chatea” en todo un falso intercambio de imágenes (con sus “memes”) que jamás comparte nada en profundidad. Paradójicamente, en esta “era de la comunicación” donde quizás lo único aprovechable son las video-conferencias, la incomunicación y el verdadero diálogo investigador quedan sujetos a falsos y distorsivos monólogos virtuales de las redes “sociales”, que si bien permiten mayor acceso a la información, asimismo conllevan el riesgo de entrar en un manicomio de puertas abiertas, dejando un profundo vacío en cuanto a la absoluta e imprescindible “revolución” verdadera de la consciencia humana. En cambio, todo hora apunta al consumo, a llenar la mente con entretenimiento superficial, a vender cualquier basura e incluso falsedades pseudo-espirituales de avivados comerciantes, y a la expansión narcisista exacerbando la auto-importancia de egos individuales. Así, tal supuesta “era de la comunicación” ahora pasa a ser una muy peligrosa y decadente “era de idiotización” masiva. J. Krishnamurti, muchas veces advirtió: «una de las cosas mas difíciles es permanecer sano en este mundo anormal y desequilibrado» (El vuelo del águila)

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  2. Carlos Diaz
    Carlos Diaz 11 de octubre de 2019 at 8:19 PM |

    Leen los comentarios o los dejan morir en el tiempo?

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