SOLO ESCUCHAMOS LO QUE QUEREMOS ESCUCHAR

En diversos espacios se discute sobre los pro y los contra de las nuevas tecnologías vinculadas a la comunicación humana en todas sus formas. Como suele ocurrir cuando las cuestiones se observan desde el equilibrio y la sensatez, debemos aceptar que en muchos aspectos la posibilidad de que cualquiera, en cualquier lugar del mundo, sin tener medios económicos a su disposición pueda llegar con su mensaje a los puntos mas reconditos del planeta de manera instantánea, es una verdadera revolución. Que las personas con las culturas mas diversas puedan contactarse del mismo modo entre ellas sin tener que recurrir a los medios convencionales de comunicación como intermediarios, es algo que ni Julio Verne había previsto para el siglo XXI. Pero como decíamos al comienzo,  desde otra otra óptica, a medida que todo ello se fue consolidando, a su vera, se fueron gestando aplicaciones, plataformas y programas financiados con diversas publicaciones que a través de sofisticados mecanismos van registrando y archivando nuestros personales gustos y tendencias en los más distintos campos y nos «invitan» permanentemente a consumir solo aquello que forma parte de nuestro pequeño mundo. Esto tiene múltiples lecturas, ya que nos coloca indirecta y muchas veces inconscientemente, en un espacio muy chiquito que va minando el espíritu crítico y refuerza nuestras argumentaciones tendiendo a afianzar dogmáticamente las propias ideas y convicciones. Quizás, de algún modo ello explica la «guerra» que muchas veces se observa en las redes, dejando muy poco espacio para la reflexión. No siempre la abundancia de datos estimula nuestra inteligencia, solo el someter a permanente cuestionamiento y observación las mas íntimas convicciones nos vincula de modo mas sano con nuestros semejantes.

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