STEPHEN NACHMANOVITCH

 Krishnamurti reitera siempre que si nos desprendemos de los condicionamientos “quizás” ese algo que es sagrado pueda operar en nosotros. Este artista cuenta desde su experiencia profesional (y algo más), la importancia de la improvisación para despertar en nosotros lo más valioso:
 
Lila puede ser la cosa más simple del mundo: espontáneo, infantil, ingeuno.
Pero a medida que crecemos y experimentamos las complejidades de la vida, puede también ser el logro más dificil y arduo de obtener imaginable, y cuando fructifica es como si llegáramos a nuestro verdadero ser…
Yo soy músico, Una de las cosas que más me gusta es dar conciertos totalmente improvisados…
Mi experiencia al tocar de esta manera es que “yo” no estoy “haciendo algo”; es más bien como seguir o anotar un dictado…¿Cuál es la Fuente que tocamos al crear? ¿Qué querían decir los poetas antiguos cuando hablaban de la musa? ¿Quién es la musa? ¿De dónde viene el juego de la imaginación? ¿En qué momento los sonidos se convierten en música?…
…La literatura de la creatividad está llena de historias de avances súbitos. Estos momentos llegan cuando uno se libera de algún impedimento o miedo, y…¡ pum! Se presenta la musa. Entonces uno siente claridad, fuerza, mientras algo imprevisto salta de su interior para afuera. La literatura del Zen, a la que he acudido abundantemente por su profunda penetración en la experiencia del avance rápido, está llena de relatos sobre el kensho y el satori; momentos de iluminación y momentos de total cambio en la manera de pensar, Hay momentos en la vida en que uno simplemente abre una puerta de un puntapié. Pero no hay uno solo de estos momentos; en el desarrollo de una vida creativa hay una serie de avances provisorios sin que pueda preverse cuál será el último, porque se trata del viaje hacia el interior del alma.
En mi propia vida la música me enseñó a escuchar, no sólo para captar el sonido sino también para averiguar quién soy yo. Descubrí la importancia de nuestras muchas tradiciones místicas o esotéricas para la vida práctica del quehacer artístico. “Misticismo” no se refiere a nebulosos sistemas de creencias ni a trivialidades; se refiere a la experiencia personal y directa, diferenciándola de la religión organizada en la que se espera que no crea en experiencias de segunda mano transmitidas en los libros sagrados por los maestros y autoridades..
Quien se ata a un placer
Destruye el vuelo de la vida;
Pero quien le envía un beso cuando se aleja
Vive en el alba del sol de la Eternidad.
William Blake
Hay muchas situaciones en que se espera erróneamente que programemos o escribamos el libreto de futuro. En particular, la comunicación sobre los enredos y complicaciones de las relaciones humanas cuando no vienen directamente del corazón y de la mente. Por eso instintivamente sentimos falsos los discursos políticos…
En muchas escuelas se indica que la enseñanza siga un programa donde se especifica lo que aprenderán los alumnos, así como la forma y el momento de enseñarla. Pero en el aula real, ya se trate del jardín de infantes, del colegio de graduados o de la escuela de la vida, hay personas vivas con necesidades y conocimientos personales. Una entrada particular en cierta dirección cambiará las perspectivas de cierta persona; después de la conversación de hoy el profesor sabe que sería bueno recomendar cierto libro, basándose en lo que parece ser el flujo natural hacia el próximo paso. Estas cosas no se pueden planear. Hay que enseñarle a cada persona, a cada grupo y en cada momento, como casos particulares que exigen un manejo particular…
…Seguimos efectuando la importante práctica de planear y programar, pero no para atarnos rígidamente al futuro…Al planear centramos la atención en el plan y descubrimos la realidad del fluir del tiempo. Así entramos en la sincronicidad de la vida.
Una vida creativa es una cuestión riesgosa. Seguir el propio curso, no trazado por los padres, por nuestros pares, o por las instituciones, implica un delicado equilibrio de tradición y libertad personal, un delicado equilibrio de ser fiel a sí mismo y permanecer abierto al cambio. Si bien en ciertas dimensiones se vive una vida normal, de todas maneras uno es un pionero que se aventura en un nuevo territorio, rompiendo con los moldes y modelos que inhibían los deseos del corazón, creando la vida a medida que avanza. Ser, actuar, crear en el momento sin sostén ni apoyo, sin seguridades, puede ser el juego supremo, y a la vez dar miedo, que es lo contrario del juego…
“Hay una vitalidad, una fuerza vital, una energía, que se traducen a través de ti en acción, y como hay un solo tú solo tú en todos los tiempos, esta expresión es única. Y si lo bloqueas nunca existirá a través de otro medio y se perderá”
Marta Graham
Nuestro cuerpo-mente es un asunto altamente organizado y estructurado, interconectado como sólo puede estarlo un organismo natural desarrollado a través de millones de años. Un improvisador no actúa a partir de un vacío sin forma, sino a partir de tres billones de años de evolución orgánica; todo lo que fuimos está de alguna manera codificado en algún lugar de nuestro ser…Este patrón profundo y rico es la naturaleza originaria que se imprime como un sello en todo lo que hacemos o somos.
…Hakuim escribió: “cuando nos olvidamos de nosotros mismos, somos el universo”
Encontrar la voz del corazón, ésa es la aventura que está en la médula de este libro. A eso se dedican todos los artistas; a una búsqueda de toda la vida. No a una búsqueda de visión, porque la visión nos rodea a todos, sino a la búsqueda de nuestra propia voz.
Para que aparezca el arte, nosotros debemos “desaparecer”.Esto puede sonar extraño, pero en realidad es una experiencia común. El ejemplo elemental, para la mayoría de las personas, es cuando la “atrapa”, nuestra mirada o nuestro oído: un árbol, una roca, una nube, una persona bella, los gorgoritos de un bebé, las manchas de sol reflejadas en la tierra húmeda, en un bosque, el sonido de una guitarra que se cuenta de pronto desde una ventana. La mente y los sentidos quedan un momento en suspenso, completamente entregados a la experiencia, No existe nada más…
Los budistas llaman samadhi a este estado de absoluta y absorta contemplación en que uno se siente separado de sí mismo. En general se piensa que al samadhi se llega por la meditación, aunque también existe el samadhi al caminar, el samadhi al cocinar, el samadhi al construir castillos de arena, el samadhi al escribir, el samadhi al luchar, el samadhi, al hacer el amor, el samadhi al tocar la flauta. Cuando la personalidad aferrada a si misma de alguna manera se aleja, estamos a la vez como en un trance y alertas.
Los bebés de nuestra especie y los de otras parecen estar a menudo, o quizás habitualmente, en estado de samadhi, y tienen también la propiedad única de poner en estado de samadhi a todos los que están a su alrededor, feliz, relajado, sin prestarse atención a sí mismo, concentrado, el bebé nos envuelve en su propio estado de goce y expansividad.
Es curioso que tanto la meditación como la danza sean formas de “desaparecer”. Las culturas del mundo están llenas de medios muy específicos y técnicos para llegar a este estado de vacío. Ya sean apolíneas, por su carácter, como el Zen, o dionisíacas como el sufismo, estas tradiciones y las prácticas que prescriben nos sacan del tiempo común.
…Nuestros miedos, dudas y rigideces se manifiestan fisiológicamente en forma de excesiva tensión muscular o de lo que Wilhelm Reich llama “armadura corporal”. Si “trato” de tocar, fracaso; si fuerzo la ejecución, la destrozo; si me apresuro, trastabillo. Cada vez que me tenso o me preparo a enfrentar algún error o problema, el acto mismo de tensarme o prepararme hacen que el problema suceda, El único camino hacia la fuerza es la vulnerabilidad…
Free Play; La improvisación en la vida y en el arte. Editorial Paidós, pags: 13/65.-

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