ERICH FROMM

El miedo a la libertad (título del famoso libro que traemos a colación), es una de las más grandes paradojas a las que se enfrenta el ser humano. Durante siglos millones de personas murieron por ella o “en nombre” de ella, ¿pero “queremos” ser libres?…Dicen los budistas zen que sólo mediante la pregunta adecuada (koan) se obtienen más respuestas que por las “respuestas mismas”. Es que, como en el caso, damos muchas cuestiones por sentadas cuando todavía nos falta mucho conocer sobre nuestra propia naturaleza…

…”Las luchas por la libertad fueron sostenidas por los oprimidos, por aquellos que buscaban nuevas libertades en oposición con los que tenían privilegios que defender. Al luchar una clase por su propia liberación del dominio ajeno creía hacerlo por la libertad humana como tal y, por consiguiente podía invocar un ideal y expresar aquella aspiración a la libertad que se halla arraigada en todos los oprimidos. Sin embargo, en las largas y virtualmente incesantes batallas por la libertad, las clases que en una determinada etapa habían combatido contra la opresión, se alineaban junto a los enemigos de la libertad cuando ésta había sido ganada y les era preciso defender los privilegios recién adquiridos…

…La guerra mundial (el autor se refiere aquí a la guerra de 1914-1918)  fue considerada por muchos como la última guerra; su terminación, como la victoria definitiva de la libertad. Las democracias ya existentes parecieron adquirir nuevas fuerzas, y al mismo tiempo nuevas democracias surgieron para reemplazar a las viejas monarquías. Pero tan sólo habían transcurrido pocos años cuando nacieron otros sistemas que negaban todo aquello en que los hombres habían creído y cuyo logro costara tantos siglos de lucha. Porque la esencia de tales sistemas, que se apoderaron de una manera efectiva e integral de la vida social y personal del hombre, era la sumisión de todos los individuos, excepto un puñado de ellos, a una autoridad sobre la cual no ejercían vigilancia alguna.

En un principio, muchos hallaban algún aliento en la creencia de que la victoria del sistema autoritario se debía a la locura de unos cuantos individuos y que, a su debido tiempo, esa locura los conduciría al derrumbe, Otros se satisfacían con pensar que al pueblo italiano, o al alemán, les faltaba una práctica suficiente de la democracia, y que, por lo tanto, se podía esperar sin ninguna preocupación el momento en que esos pueblos alcanzaran la madurez política de las democracias occidentales. Otra ilusión común, quizá la más peligrosa de todas, era el considerar que hombres como Hitler habían logrado apoderarse del vasto aparato del Estado sólo con astucias y engaños; que ellos y sus satélites gobernaban únicamente por la fuerza desnuda y que el resto de la población oficiaba de víctima involuntaria de la traición y del terror.

En los años que han transcurrido desde entonces, el error de estos argumentos se ha vuelto evidente…

…Esta verdad ha sido formulada con tanta eficacia por John Dewey, que quiero expresarla con sus mismas palabras: “La amenaza más seria para nuestra democracia, afirma, no es la existencia de los Estados totalitarios extranjeros. Es la existencia en nuestras propias actitudes personales y en nuestras propias instituciones, de aquellos mismos factores que en esos países han otorgado la victoria a la autoridad exterior y estructurado la disciplina, la uniformidad y la confianza en el “líder”. Por lo tanto, el campo de batalla está también aquí; en nosotros mismos y en nuestras instituciones”…

…Las cuestiones fundamentales que surgen cuando se considera el aspecto humano de la libertad, el ansia de sumisión y el apetito del poder, son éstas: ¿Qué es la libertad como experiencia humana? ¿Es el deseo de libertad algo inherente a la naturaleza de los hombres? ¿Se trata de una experiencia idéntica, cualquiera que sea el tipo de cultura a la cual una persona pertence, o se trata de algo que varía de acuerdo con el grado de individualismo alcanzado en una sociedad dada?  ¿ Es la libertad solamente ausencia de presión exterior o es también presencia de algo? Y, siendo así ,¿qué es ese algo?¿ Cuáles son los factores económicos y sociales que llevan a luchar por la libetad? ¿Puede la libertad volverse una carga demasiado pesada para el hombre, al punto que trate de eludirla? ¿Cómo ocurre entonces que la libertad resulta para muchos una meta ansiada, mientras que para otros no es más que una amenaza? ¿No existirá tal vez, junto a un deseo innato de libertad, un anhelo institintivo de sumisión? Y si esto no existe,¿cómo podemos explicar la atracción que sobre tantas personas ejerce actualmente el sometimiento al “líder”? ¿El sometimiento se dará siempre con respecto a una autoridad exterior, o existe también en relación con autoridades que se han internalizado?, tales como el deber, o la conciencia, o con respecto a la coerción, ejercida por íntimos impulsos, o frente a autoridades anónimas, como la opinión pública? ¿Hay acaso una satisfacción oculta en el sometimiento? Y si la hay, ¿ en qué consiste? ¿Qué es lo que origina en el hombre un insaciable apetito de poder? ¿Es el impulso de su energía vital o es alguna debilidad fundamental y la incapacidad de experimentar la vida de una manera espontánea y amable? ¿Cuáles son las condiciones psicológicas que originan la fuerza de esta codicia? ?Cuáles las condiciones sociales sobre que se fundan a su vez dichas condiciones psicológicas?

El análisis del aspecto humano de la libertad y de las fuerzas autoritarias nos obliga a considerar un problema general, a saber: el que se refiere a la función que cumplen los factores psicológicos como fuerzas activas en el proceso social…

…Se sentía la seguridad y la confianza de que las realizaciones de la democracia moderna habían barrido todas las fuerzas siniestras; el mundo parecía brillante y seguro, al modo de las calles bien iluminadas de una ciudad moderna. Se suponía que las guerras eran los últimos restos de los viejos tiempos, y tan sólo parecía necesaria una guerra más para acabar con todas ellas; las crisis económicas eran consideradas meros accidentes, aún cuando tales accidentes siguieran aconteciendo con cierta regularidad…

…El análisis que se ofrece en este libro se funda sobre el supuesto de que el problema central de la psicología es el que se refiere al tipo específico de conexión del individuo con el mundo, y no el de la satisfacción o frustración de una u otra necesidad instintiva per se; y además, sobre el otro supuesto de que la relación entre individuo y sociedad no es de carácter estático. No acontece como si tuviéramos por un lado al individuo dotado por la naturaleza de ciertos impulsos, y por el otro a la sociedad que, como algo separado de él, satisface o frustra aquellas tendencias innatas. Aunque hay ciertas necesidades comunes a todos, tales como el hambre, la sed, el apetito sexual, aquellos impulsos que contribuyen a establecer las diferencias entre los caracteres de los hombres, como el amor, el odio, el deseo de poder y el anhelo de sumisión, el goce de los placeres sexuales y el miedo de este goce, todos ellos son resultantes del proceso social, Las inclinaciones humanas más bellas, así como las más repugnantes, no forman parte de una naturaleza fija y biológicamente dada, sino que resultan del proceso social que crea el hombre . En otras palabras, la sociedad no ejerce solamente una función de represión, aunque no deja de tenerla, sino que posee también una función creadora…

…Las necesidades fisiológicamente condicionadas no constituyen la única parte de la naturaleza humana que posee carácter ineludible, Hay otra parte que es igualmente compulsiva, una parte que no se halla arraigada en los procesos corporales, pero sí en la esencia misma de la vida humana, en su forma y en su práctica; la necesidad de relacionarse con el mundo exterior, la necesidad de evitar el aislamiento, Sentirse completamente aislado y solitario conduce  a la desintegración mental, del mismo modo que la inanición conduce a la muerte”…

El Miedo a la Libertad, Erich Fromm, Editorial Paidós, pags: 25 a 41.-

Una respuesta

  1. horacio
    horacio 9 de octubre de 2012 at 6:15 PM |

    …Las palabras como es “costumbre” nos impiden ver la raíz de las cuestiones que nos condicionan, cuando ellas además tienen una larga tradición histórica, como en el caso de la “libertad”, poseen mucha más fuerza obstructiva…

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