DAVID BOHM

 David Bohm, prestigioso físico, discípulo de Albert Einstein, enriqueció fuertemente con su relación la última etapa de la vida de Krishnamurti, han sido memorables los diálogos entre ambos. En este caso particular, traemos a colación algunos párrafos que estimamos significativos, pertenecientes a su libro: La Totalidad y el Orden Implicado, en los cuales nos invita a reflexionar tanto sobre el vínculo como sobre la diferencia entre pensamiento e inteligencia, veamos:
…Todo el conocimiento es producido, desplegado, comunicado  transformado y aplicado en el pensamiento. El pensamiento, considerado en su movimento de llegar a ser (y no simplemente en su contenido de imágenes e ideas relativamente bien definidas) es, ciertamente, el proceso en el cual tiene su real y concreta existencia el conocimiento…¿Que es el proceso del pensamiento?. El pensamiento es, en esencia, la respuesta activa de la memoria en cada fase de la vida. Incluimos en el pensamiento la respuesta, intelectual, emocional, sensitiva, muscular y física de la memoria. Estos son todos los aspectos de un solo proceso indisoluble. Tratarlos separadamente produce fragmentación y confusión. Todos ellos constituyen un proceso de respuesta de la memoria a cada situación real y, tal respuesta, a su vez, produce una nueva contribución a la memoria, condicionando así el pensamiento siguiente.
   Una de las formas más tempranas y primitivas de pensamiento es, por ejemplo, precisamente el recuerdo del placer y el dolor, relacionado con una imagen visual, auditiva u olfatoria, que se puede evocar a partir de un objeto o una situación. Es común en nuestra cultura el considerar como diferentes los recuerdos que contienen una imagen de los que evocan un sentimiento. Sin embargo, es claro que el significado total de tal recuerdo es precisamente la conjunción de la imagen con su sentimiento, que constituye (justamente con su contenido intelectual y la reacción física), la totalidad del juicio tal como se recuerda que es bueno o malo, deseable o no, etcétera.
Es claro que el pensamiento, considerado de este modo como la respuesta de la memoria, es básicamente mecánico en su modo de operar. O bien es la repetición de alguna estructura previamente existente, traída por la memoria, o es cierta combinación, adaptación y organización de estos recuerdos en subsiguientes estructuras de ideas y conceptos, categorías, etcétera. Estas combinaciones pueden poseer cierta especie de novedad, resultante de la interacción fortuita de elementos de la memoria, pero está claro que tal novedad sigue siendo esencialmente  mecánica (como las combinaciones nuevas que aparecen en un caleidoscopio).
En este proceso mecánico no hay razón intrínseca para que los pensamientos que surjan sean relevantes o adecuados a la situación real que evocan. La acción de percibir si los pensamientos particulares son relevantes o adecuados, o no lo son, requiere la actuación de una energía que no es mecánica, una energía a la que llamaremos inteligencia. Esta es capaz de percibir un nuevo orden o una nueva estructura, que no es precisamente una modificación de lo que ya es conocido o está presente en la memoria. Por ejemplo, uno puede estar trabajando en un problema complicado durante bastante tiempo. De pronto, en un momento de comprensión , puede ver la irrelevancia de toda su manera de pensar acerca del problema, seguida de un modo diferente de enfocarlo, en el cual todos los elementos encajan en un orden nuevo y una nueva estructura, Es claro que tal momento es esencialmente más un acto de percepción que un proceso de pensamiento…aunque a continuación pueda ser expresado en el pensamiento. Lo que contiene este acto es la percepción por la mente de órdenes abstractas y relaciones tales como igualdad y diferencia, separación y relación, necesidad y contingencia, causa y efecto, etcétera.
Así hemos puesto juntas todas las respuestas de la memoria, básicamente mecánicas y condicionadas, bajo una palabra o símbolo, es decir, pensamiento, y hemos diferenciado esto de la fresca, original e incondicionada respuesta de la inteligencia (o percepción inteligente), en la cual puede surgir algo nuevo. No obstante, llegado a este punto, uno puede preguntarse: ¿Como se puede saber que es absolutamente posible tal respuesta condicionada? Esta es una cuestión de amplio alcance que no podemos discutir completamente aquí. De todos modos, apuntaremos que en realidad, todo el mundo acepta implícitamente la idea de que la inteligencia no está condicionada (y la verdad es que nadie puede hacer otra cosa con coherencia).
Consideremos, por ejemplo, que intentamos afirmar que las acciones humanas están condicionadas y son mecánicas. Típicamente, este concepto ha tomado una de estas dos formas: O bien se dice que el hombre es básicamente un producto de su constitución hereditaria,  bien que está completamente determinado por los factores del entorno, Sin embargo, uno le puede preguntar al hombre que cree en la determinación herediaria si su propio juicio afirmando esta creencia no es otra cosa que el producto de su herencia, En otras palabras:¿su estructura genética le impulsa a hacer tal declaración? De un modo parecido, se le puede pregunar al hombre que cree en la determinación ambiental si la afirmación de su creencia no es más que palabras que brotan en modelos a los que ha sido condicionado por su entorno. Evidentemente, en ambos casos (al igual que en el caso de quien afirma que el hombre se encuentra completamente condicionado por la herencia más su entorno) la respuesta tendrá que ser negativa porque, en el caso contrario,el interrogado estaría admitiendo que lo que había dicho no tenía significado alguno. Así, en cualquier juicio va implícito necesariamente que el que lo emite es capaz de hablar desde una percepción inteligente, la cual,a su vez, es capaz de una verdad, que no sea el mero resultado de un mecanismo basado en el significado o en habilidades adquiridas en el pasado. Así vemos que nadie puede evitar el dar por supuesto, con esta modalidad de comunicación, que por los menos acepta la posibilidad de esta percepción libre e incondicionada que hemos llamado inteligencia.
Ahora bien, hay muchas pruebas que indican que el pensamiento es básicamente un proceso material. Por ejemplo, se ha observado en una ampia variedad de contextos que el pensamiento es inseparable de la actividad eléctrica y química del cerebro y del sistema nervioso y que coincide con tensiones y movimientos musculares. ¿Se podría decir, pues, que la inteligencia es un proceso similar, aunque tal vez de una naturaleza más sutil?
En la idea que estamos sugiriendo aquí va implícito que esto no es así. Si la inteligencia debe ser un acto incondicionado de percepción, su ámbito no puede estar en estructuras tales como células,moléculas, átomos, particulas elementales, etcétera. En último extremo, cualquier cosa que esté determinada por las leyes de tales esructuras puede estar en el campo de lo que se puede conocer, es decir, almacenado en la memoria y, por lo tanto, deberá tener la naturaleza mecánica de algo que se pueda asimilar según el carácter básicamente mecánico del proceso del pensamiento. La real actuación de la inteligencia no puede, pues, estar determinada ni condicionada por factores que puedan estar incluidos en ley alguna cognocible. Así vemos que el ámbito de la inteligencia debe estar en el flujo indeterminado y desconocido que es también el de todas las formas definibles de materia. La inteligencia no es, pues, deducible ni explicable desde la base de ninguna especialidad del conocimiento (por ejemplo, la física o la biología). Su origen es más profundo y más hacia dentro que cualquier orden cognocible que pueda describirlo.(Así, tiene que comprender el verdadero orden de las formas definibles de la materia por medio de las cuales nosotros esperábamos comprender la inteligencia).
¿Cual es la relación de la inteligencia con el pensamiento? En pocas palabras, se puede decir que, cuando el pensamiento funciona por sí solo, es mecánico y no inteligente, porque impone su orden, generalmente irrelevante y no apropiado que le proporciona la memoria. Sin embargo, el pensamiento es capaz de responder, no sólo desde la memoria, sino también con la percepción incondicionada de la inteligencia, y deberá comprobarse en cada caso si una línea particular de pensamiento es relevante y adecuada o no lo es.
Tal vez podamos considerar aquí la imagen de un receptor de radio. Cuando la potencia de salida del receptor “retroalimenta” la potencia de entrada, el receptor funciona por su cuenta, y produce un ruido irrelevante y sin significación alguna, pero cuando es sensible a la señal portadora de la onda de radio, su propio orden de movimiento interno de las corrientes eléctricas (transformadas en ondas sonoras) es paralelo al orden de la señal, y entonces el receptor sirve para traer un orden significativo, que tiene su origen más allá del nível de su propia estructura, a los movimientos que se producen en el nível de su propia estrucura. Así podemos sugerir que, en la percepción inteligente, el cerebro y el sistema nervioso responden directamente a una orden que procede del interior del flujo universal y desconocido que no puede ser reducido a nada definible en términos de estructuras cognocibles.
La inteligencia y el proceso material tienen, pues, un mismo origen, que es en el fondo: la totalidad desconocida del flujo universal. En cierto sentido, esto implica que lo que corrientemente hemos llamado mente y materia son abstracciones del flujo universal, y que hay que considerarlas a ambas como órdenes relativamente autónomas dentro del único movimiento total. Es el pensamiento, respondiendo a una percepción inteligente, el que puede producir una armonía global o una adecuación entre la mente y la materia …

 Capítulo 3º: La realidad y el conocimiento considerados como proceso, apartado 2º: Pensamiento e inteligencia. Editorial Kairós, 3ª Edición.-

4 Respuestas

  1. leonora
    leonora 20 de octubre de 2011 at 9:54 PM |

    Me parece muy interesante el tema

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  2. Ana
    Ana 3 de noviembre de 2011 at 7:50 PM |

    La pregunta sería: “nuestra” inteligencia proviene de algún otro lugar que no sea nosotros mismos? Quizás el planteo no solo sea teórico, sino claramente práctico, ya que eso nos llevaría a no confiar tanto en nuestro yo, ego (o como se lo quiera llamar), como fuente de nuestra posibilidad de sabiduría, no les parece?

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  3. miguel angel arriaga gonzalez
    miguel angel arriaga gonzalez 5 de noviembre de 2011 at 12:16 AM |

    Ana, preguntas y te contestas, excelente, me incluyo en esta pregunta-respuesta, pero tenemos la pasión y el valor de vivir desde allí, un gran abrazo para tí, la respuesta dejemosla para cada uno de nosotros, que debemos de dejar de ser uno y nosotros

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  4. miguel angel arriaga gonzalez
    miguel angel arriaga gonzalez 5 de noviembre de 2011 at 12:28 AM |

    Cuidado que las coincidencias conceptuales no fortalezcan, aquello que llamamos ego

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