DAVID BOHM

Nuevamente nos “visita” Bohm en este espacio, nuestra insistencia, y en particular el recoger párrafos de un libro también ya citado, se realiza como forma de ejemplificar la importancia central que nosotros le damos a la cuestión del diálogo. La ausencia de comunicación real entre las personas es una de las causas centrales del conflicto humano, llevado al sumun a través de la guerra. El  autor brinda instrumentos a la vez prácticos y profundos, condiciones que simultáneamente son muy dificiles que coincidan:      …Todo pensamiento se basa en pensamientos anteriores y procede obviamente de la memoria. Acumulamos el conocimiento a través de la práctica y la experiencia; pensamos en algo, lo organizamos, lo integramos en la memoria, de este modo, termina transformándose en conocimiento. Y, aunque una parte de este conocimiento sea práctico, también se trata de un tipo de memoria y se halla ligado a alguna parte del cuerpo o del cerebro. Todo forma parte del mismo sistema. Michael Planyi  ha hablado, en este sentido, del conocimiento tácito, un tipo de conocimiento que, pese a hallarse presente, no puede formularse verbalmente. Usted sabe montar en bicicleta y, cuando está a punto de caer, se las arregla para enderezarla pero no puede explicar cómo se hace. Existe una fórmula matemática que demuestra la proporcionalidad existente entre el ángulo de giro al que recurre para enderezar la bicicleta y el ángulo de caída. Pero, aunque usted utilice empíricamente esa fórmula, ignora hasta su misma existencia. Todo nuestro cuerpo efectúa de continuo innumerables e indescriptibles ajustes que lo mantienen en funcionamiento, éste es el conocimiento tácito, un tipo de conocimiento que poseemos sin poder, no obstante, hacer nada al respecto. Se trata de una prolongación de algo que aprendimos en el pasado. Así pues nuestra experiencia, nuestro conocimiento, nuestro pensamiento, nuestra emoción y  nuestra práctica, forman parte integral del mismo proceso… …Tenemos la creencia de que, después de haber pensado en algo, eso simplemente se desvanece, pero el hecho es que el pensamiento no se evapora sino que, de algún modo va a parar al cerebro y deja algo-una huella-que se convierte en lo pensado. Y a partir de ese momento, lo pensado opera de manera automática. Así pues, lo pensado es la respuesta de la memoria, del pasado, de lo que ya ha ocurrido. Debemos establecer, pues, una clara distinción entre el pensamiento y lo pensado. Lo mismo ocurre en el caso del sentimiento. El término “sentir” se refiere al presente activo, un presente en el que la sensación se halla en contacto con la realidad. Pero también resultaría útil diferenciar entre “el sentimiento” y “lo sentido”, las sensaciones que hemos registrado. Cuando la recordamos una experiencia traumática del pasado puede hacernos sentir muy incómodos. La nostalgia, al igual que la mayor parte de las sensaciones que experimentamos, también proviene del pasado y bien podríamos decir, en este sentido que son “sentidas”. Pero el hecho es que, si no son más que grabaciones que vuelven a activarse, tendrán escasa relevancia a la hora de proporcionarnos una respuesta a la situación inmediata que estemos viviendo. Es muy importante que nos demos cuenta de que nuestra cultura proporciona una imagen errónea de lo pensado y de lo sentido, como si lo pensado y lo sentido fueran ajenos y pudiéramos controlarlo. Pero los sentimientos y los  pensamientos no son dos cosas diferentes sino que constituyen aspectos de un mismo proceso. Ambos proceden de la memoria, donde es muy probable que se hallen entremezclados. La memoria también afecta al cuerpo y las sensaciones y el recuerdo de un estado anterior de tensión corporal puede llegar a tensarnos físicamente. Resulta, por lo tanto, imposible, cuando la memoria se pone en funcionamiento, separar la función intelectual de la función emocional, química y muscular porque el conocimiento tácito es un tipo de recuerdo que engloba a todas esas distintas facetas… …Y es evidente que la civilización empeoró las cosas porque, en la medida en que se desarrolla, es cada vez más compleja, llena de leyes, autoridades, policías, cárceles y ejércitos, lo cual origina una considerable tensión. Y cuanto más se desarrolle la civilización en su conjunto, mayor será la tensión. Esto ha sido así durante milenios, pero todavía no tenemos claro lo que podemos hacer al respecto. Parece una amenaza tan evidente que resulta extraño que la gente no se dé cuenta de ella, Pero el hecho es que lo que se lo impide es el mismo proceso del pensamiento, un proceso, al mismo tiempo, colectivo e individual. Los pensamientos, las fantasías y las imágenes colectivas influyen en nuestra percepción. Cada cultura dispone  de sus propios mitos, fantasías colectivas que suelen introducirse en nuestro campo perceptivo- con matices, en cada caso, personales- como si se tratara de realidades tangibles. Sin embargo, somos incapaces de darnos realmente cuenta de este hecho. Ése es precisamente el problema. Hay un orden superior de hechos, y no ver directamente los hechos es el auténtico  punto de partida. Creo que podemos llegar a comprender mejor el motivo por el cual los conceptos y las imágenes tienen un efecto tan poderoso si nos damos cuenta de que el pensamiento nos ofrece una representación de la experiencia. Y el término “representación” resulta sumamente apropiado en este contexto porque su significado es el de “re-presentar”, es decir, presentar de nuevo. Así pues, mientras que la percepción nos presenta algo, el pensamiento, por su parte, nos lo re-presenta como una abstracción… …El hecho es que la representación no sólo se halla presente en el pensamiento, o en la imaginación, sino que se funde con la experiencia o la percepción real. Dicho de otro modo, la representación se entremezcla con la “presentación”, de forma tal que lo “presentado” (como percepción) ya es, en buena medida, una re-presentación, es decir, “una nueva presentación”. Así es como tenemos lo que podríamos llama una “presentación neta”, la resultante de la actividad de los sentidos, del pensamiento y posiblemente de algún tipo de intuición, elementos todos que se entremezclan para configurar una presentación neta. Sintetizando, pues, el modo en que experimentamos algo depende de la forma en que nos lo representamos…o nos lo “malrepresentamos”. Si usted se representa a sí mismo como una persona noble, capaz y honesta, esa representación influirá en la percepción que tenga de sí mismo y así será también como usted se perciba. Ahora bien, otra persona puede brindarle una representación diferente, por ejemplo, que es un mentiroso y un estúpido, una representación que también influirá en la “percepción” que tenga de sí mismo y que puede llegar a conmocionar profundamente todo su sistema neurofisiológico. En tal caso, la presión a la que se halla sometido el pensamiento para representarse la situación de un modo más adecuado constituye el origen mismo del autoengaño. Nosotros no solemos percatarnos de la relación biunívoca existente entre la representación y la presentación, porque el pensamiento parece incapaz de darse cuenta de que esto es precisamente lo que ocurre. Se trata de un proceso tan inconsciente, implícito y tácito que no nos damos cuenta de la forma exacta que sucede. Por alguna razón, sin embargo, el pensamiento los confunde. Es como si la información penetrase a través de los sentidos y, una vez en el cerebro, se entremezclara con otro flujo de información procedente del pensamiento, dando origen a lo que hemos denominado “presentación neta”… …Debemos comprender que la mayor parte de nuestras representaciones son creaciones colectivas, lo cual les otorga un enorme poder. Y, como no queremos estar al margen del consenso general, solemos tomar el hecho de que todo el mundo esté de acuerdo con respecto a algo como una prueba de su validez. Continuamente nos hallamos bajo la presión de aceptar determinadas representaciones y verlas de ese modo. Lo que llamamos “yo”, por ejemplo, se nos representa de una forma que determina, en consecuencia, la manera de en que se nos presenta. Pero se trata de una representación fundamentalmente colectiva, cuyas características generales están determinadas por la colectividad y en que el papel del individuo se limita a los detalles concretos. El consenso general afirma que cada uno de nosotros posee un yo, porque eso es lo que parece demostrar nuestra partida de nacimiento, nuestro nombre y nuestra identidad. Son muchos, por ejemplo, los países en los que está instaurado el uso de un carnet de identidad, disponemos de una cuenta corriente en el banco, podemos comprar terrenos, labrarnos una profesión, etc. Todas éstas son representaciones de lo que somos, y, en consecuencia, así es como se nos presentan… …Consideremos ahora, por último, una representación muy frecuente en nuestra sociedad, la de que “uno tiene que cuidar de sí mismo e ir con cuidado con los demás, porque son peligrosos y no se puede confiar en ellos”, una representación que da lugar a una respuesta, no sólo externa sino también interna y activa una reacción neuroquímica que pone en marcha cierta tensión corporal. Y, si bien es cierto que el mundo es un lugar peligrosos, este planteamiento es inadecuado, El mundo no es hostil porque la gente sea intrínsecamente mala, sino por las falsas representaciones que normalmente damos por sentadas. Tenemos que ver con claridad la causa correcta y, en consecuencia, no podemos acercarnos a las personas como si fueran intrínsecamente, peligrosas, sino como víctimas de falsas representaciones. El cambio de representación abre entonces la puerta de transformaciones más profundas. No estoy afirmando que eso sea sencillos, -ni que tampoco sea complejo-, a fin de cuentas es algo que ignoramos, sino simplemente que nos abre las puertas y nos brinda una visión más amplia. Si realmente aprendiéramos a ver la forma en que el pensamiento produce presentaciones a partir de representaciones, descubriríamos el truco e inmediatamente dejaríamos de estar engañados. Mientras ignoremos cuál es el truco nos parecerá algo mágico, pero en el mismo momento en que tengamos un conocimiento directo, todo experimentará una transformación. Son muchos los mundos posibles y todos ellos dependen de nuestra representación, especialmente de nuestra representación colectiva, Para construir un “mundo” se requiere más de una persona y, en consecuencia, la clave radica en la representación colectiva. Lo que quiero destacar aquí es que no basta con que una persona cambie su representación, aunque eso, por cierto, estaría muy bien, sino que el verdadero cambio radica en la transformación de nuestras representaciones colectivas… SOBRE EL DIALOGO. La naturaleza del pensamiento colectivo, págs.: 88/99.- Editorial Kairós, 2ª Edición.-

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