CARL GUSTAV JUNG

Creemos que no hace falta dar mayores detalles informativos sobre quien es Jung, sólo agregar que intentó a lo largo de su vida encontrar respuestas sobre el sentido de nuestra existencia, mas allá del limitado marco de nuestra pequeña vida personal. Al final de la suya efectuó una afirmación que podría ligeramente interpretarse como decepcionante, pero, desde nuestro punto de vista, nos habla en primer lugar de su humildad y, lo que es más importante, sobre la limitación del pensamiento: ….” De mí estoy asombrado, desilusionado, contento. Estoy triste, abatido, entusiasmado. Yo soy todo esto también y no puedo sacar la suma. No estoy en condiciones de comprobar un valor o una imperfección definitiva, no tengo juicio alguno sobre mi vida ni sobre mí. De nada estoy seguro del todo. No tengo convicción alguna definitiva, propiamente de nada. Sólo sé que nací y existo y me da la sensación de que soy llevado. Existo sobre la base de algo que no conozco. Pese a toda la inseguridad, siento una solidez en lo existente y una continuidad en mi ser. El mundo en el que nacemos es rudo y cruel y al mismo tiempo de belleza divina”… El libro que muy brevemente presentamos seguidamente con este bello texto, fue editado por Aniela Jafeé y es un viaje apasionante por su mundo psíquico a lo largo de toda su existencia: …”La salida del sol era en estas regiones un acontecimiento que cada día me impresionaba de nuevo. No era tanto al despertar de los primeros rayos, en sí grandiosos, como lo que sucedía. Inmediatamente después de la salida del sol acostumbraba a sentarme en mi silla de campaña bajo una acacia. Ante mí, en el fondo del pequeño valle, se hallaba una franja de selva virgen, casi verdinegra; más allá se extendía el lejano borde de la meseta. Primero reinaban agudos contrastes entre la oscuridad y la claridad; luego todo nacía plásticamente a la luz que inundaba el valle de una luminosidad compacta. El horizonte resplandecía en su blancura. Paulatinamente la luz ascendente penetraba, por así decirlo, en los cuerpos, los cuales, como iluminados por dentro brilaban diáfanos al fin como un cristal de color. Todo se convertía en cristal centellante. El clamor de los pájaros campaneros resonaba en el horizonte. En estos instantes me sentía como un templo. Era la hora más sagrada del día. Contemplaba esta magnificencia con placer insaciable, o mejor dicho, con éxtasis al margen del tiempo. Cerca de mí se alzaba una alta roca, habitada por grandes monos (baboons, zambos). Cada mañana se sentaban silenciosos, casi inmóviles, en la parte soleada de la roca, mientras que durante el día alborotaban el bosque con chillidos y gruñidos. Al igual que yo, parecían, reverenciar la salida del sol. Me recordaban los grandes zambos del templo de Abu Simbel, en Egipto, que hacen gestos de adoración. Cuentan siempre la misma historia: desde siempre hemos rendido culto al gran Dios, que salva al mundo, sacándolo de la gran osucuridad para bañarlo en la deslumbradora luz del cielo. Entonces comprendí que en el alma habita desde un principio un anhelo de luz y un impulso irresistible de salir de sus tinieblas iniciales. Cuando llega la gran noche, todo adquiere un tono de profunda melancolía, y una inexpresable nostalgia por la luz. Esto era lo que se expresa en los ojos de los primitivos y lo que puede verse también en los ojos de los animales. En los ojos de los aninales hay tristeza y no se sabe si lo que representa aquel ser primitivo es el alma del aninal o un sentido doloroso. Tal es la voz de Africa, la experiencia de sus soledades. Son las tinieblas primitivas, un secreto materno. Por ello, el acontecimiento más impresionante para el negro es el nacimiento del sol por la mañana. El instante en que se hace la luz, que es Dios. El instante comporta la salvación. Es una vivencia primitiva del momento y ya ha desaparecido y se ha olvidado cuando se piensa que el Sol es Dios. ” Estamos contentos de que la noche, en la cual rondan los espíritus haya ahora terminado”, siginfica ya una racionalización. En realidad reina otra oscuridad completamente distinta a la noche natural: es la primitiva noche psíquica, la noche de hace incontables millones de años en la que todo siempre fue como hoy es. El anhelo de luz es el anhelo por la conciencia”… Recuerdos, sueños, pensamientos. Editorial Seix Barral , pags: 315,317.-

Deja un comentario

*