ANNIE MARQUIER

La cuestión de la “mente-corazón” fue repetidamente traida a colación por parte de Krishnaji, intentando hacernos ver la importancia del equilibrio de estas dos fuentes de la conducta humana. El interesante trabajo que más abajo extractamos nos acerca a los sorprendentes resultados científicos vinculados a la “inteligencia” del corazón y, por contrapartida, nos permite reflexionar sobre las limitaciones de la mera racionalidad.

…”Alrededor de 1970, ciertos descubrimientos en neurobiología abrieron un campo de investigación hasta entonces inexplorado. John y Béatrice Lacey, del Fels Research Institute de Filadelfia, Estados Unidos, fueron los primeros en observar que, cuando el cerebro enviaba órdenes al cuerpo físico a través del sistema nervioso, el corazón no siempre obedecia. El corazón tenía su propia respuesta, su propia lógica, que a veces incluso se oponía a lo que proponía el cerebro.¿Un corazón independiente?…Y eso no fue todo. También descubrieron que el propio corazón podía enviar al cerebro unas señales que, no sólo éste comprendía sino que además podía obedecer.

Curioso, ¿no?. El que daba órdenes ya no siempre era el que se creía…En todo caso, empezaba a ponerse en duda…

Al prestar una atención excesiva al intelecto  y a lo racional, durante mucho tiempo hemos tenido al corazón “arrinconado”. Se le suponía portador de un sentimentalismo inútil, ineficaz y totalmente fuera de lugar. Estaba reservado a los poetas y a los artistas, a las madres de familia y a los niños, a las relaciones amorosas y a las personas “sensibles”( mujeres sobre todo). ¿Los buenos sentimientos? Podían debilitar una voluntad fuerte. Además, ser sentimental no ha proporcionado nunca demasiado vigor…El corazón tenía pues una connotación romántica, filosófica, algo etérea  y vinculada sobre todo a lo emocional, de modo que no era demasiado importante para las personas activas, inteligentes, “fuertes y dinámicas”…En efecto, ¿ qué papel podía jugar el corazón a la hora de dirigir una gran organización, de planificar la maximación de beneficios económicos o de tomar decisiones políticas? En último extremo, dando a alguna de esas actividades un cierto carácter humanitario, ¿pero eso no restaría poder? Desde esa perspectiva, el corazón no parecía verdaderamente importante para el éxito profesional, más bien podía ser un inconveniente..

En esa manera de ver las cosas había una parte de verdad, es cierto, pero era una visión estrecha, La limitación proviene de que, durante mucho tiempo, se han confundido corazón y emociones, sin discernir que la palabra “emoción” engloba dos realidades muy distintas, incluso opuestas. Se reducía el corazón a algunas de sus funciones porque no se había tomado clara conciencia del poder real que porta en sí.

Las investigaciones se fueron profundizando año tras año. Se dieron cuenta de que el corazón contenía un sistema nervioso independiente, específico y bien desarrollado. A pesar de que la materia del corazón físico es diferente a la del cerebro, se descubrieron en él más de cuarenta mil neuronas, tanto como las que tienen algunas partes del cerebro, a lo cual se añadía una compleja y tupida red de neurotransmisores, proteínas y células de apoyo. Gracias a unos circuitos tan elaborados, el corazón parecía poder actuar y con todo aquello de lo que dispone, parece que puede aprender, recordar e incluso percibir. ¡Un cerebro en el seno mismo del corazón!

Así pues, el corazón podría jugar un papel a nivel de la inteligencia y de la percepción de la realidad, pero¿cuál?¿ Qué tipo de inteligencia se aloja en él?

…durante mucho tiempo ha reinado una gran confusión en cuanto al uso del corazón, confusión que no sólo ha limitado la comprensión de las enseñanzas espirituales sino también la psicología, que con frecuencia ha reducido el corazón a un conjunto de mecanismos emocionales muy diversos. ¿Podemos fiarnos de él para gobernar nuestra vida cotidiana? No sabríamos responder con claridad a esa pregunta debido a que, como ya hemos dicho, se lo asocia automáticamente con las emocionnes, cualesquiera que sean.

Los últimos descubrimientos de la ciencia concernientes a esa especie de “cerebro que hay en el corazón”, nos permitirán comprender muchísimo mejor un fenómeno tan fascinante…

…Importa menos el cerebro que aquello que lo guía: La fuerza de carácter, el corazón, la generosidad y la apertura de espíritu….Fiódor Dostoievski.-

…Recordemos que lo que estamos estudiando es la manifestación en la materia de determinados estados de conciencia; lo que ocurre en el cuerpo se puede observar y medir …El cuerpo físico está en relación directa con los estados de conciencia y, en ese sentido, es un indicador absolutamente fiable. Si hay un cerebro en el corazón,¿para qué sirve?¿Es un cerebro secundario que no hace sino responder al de la cabeza, o tiene funciones propias?  La pregunta no es baladí, pues conocemos algunos hechos relativos al corazón un tanto extraños. Por ejemplo, mientras se desarrolla el feto, el corazón empieza a latir antes que se haya formado el cerebro. Otro ejemplo: durante algunas intervenciones quirúrgicas, el corazón continúa latiendo aunque el cerebro quede inactivo durante unos momentos. ¡Que curioso! ¿No?

Como los investigadores creían que todo procedía del cerebro, estudiaron con énfasis los circuitos que partían de éste, en especial el circuito cerebro-corazón. En años posteriores se dieron cuenta, sin embargo, que había también una comunicación en sentido contrario, es decir, desde el corazón hacia el cerebro (ese olvido científico o falta de curiosidad tal vez no se debiera al azar. Quizá no era más que la manifestación inconsciente de una actitud psicológica que consideraba que lo más importante partía de la cabeza y que, por lo tanto, el corazón debía obedecer sus órdenes, como hacían los demás órganos…

Al día de hoy, los investigadores han puesto de manifiesto la existencia de cuatro clases de conexiones que parten del corazón y van hacia el cerebro, son éstas:

1) La comunicación neurológica: las investigaciones realizadas en el campo de la neurocardiología demuestran que el “cerebro del corazón”, sistema sofisticado de células nerviosas, puede grabar las informaciones que provienen del sistema hormonal y de otros sistemas y convertirlos en impulsos nerviosos, tratando así directamente la información recibida. después la dirige hacia el cerebro a lo largo de un circuito nervioso que utiliza el nervio vago y los nervios situados a lo largo de la columna vertebral. La información pasa por el cerebro límbico y llega por último al córtex cerebral, donde se encuentran los centros de percepción superior del cerebro.

Esa red de nervios específica permite al corazón actuar de forma directa sobre las propias funciones del cerebro, este recibe una cantidad enorme de información procedente de todos los órganos, es cierto, pero el corazón envía más información al cerebro de la que recibe. Es el único órgano del cuerpo físico que tiene esa propiedad.

Vemos pues que, a través de esa ruta inesperada, el corazón puede inhibir o activar determinadas partes del cerebro según las circunstancias. El cerebro del corazón puede, pues, influir en el cerebro de la cabeza, es decir, nuestra manera de pensar y de ver las cosas, nuestra percepción de la realidad y, por lo tanto, nuestras reacciones ante ella; en particular, nuestras reacciones emocionales.

Tal vez se encuentre ahí el origen de un nuevo dominio emocional que no procede de una mente programada, ni de una mente racional  inteligente, sino de una inteligencia de otro tipo.  

2) La comunicación bioquímica: En 1986, dos investigadores de Québec, Antin y Genest, tras haber descubierto la hormona ANF (atrial natriuretic factor), fueron los primeros en dar una nueva definición del corazón atribuyéndole unas  funciones muy por encima de la simple actividad cardiovascular, y pusieron de manifiesto el importante e independiente papel que juega en la producción y gestión de determinadas hormonas. En particular demostraron que es el corazón el que produce la AND, una hormona fundamental que, debido a la influencia que ejerce sobre muchos sistemas del cuerpo, asegura el equilibrio general conocido con el nombre de “homeostasis”. Uno  de sus efectos es inhibir la producción de la hormona del estrés, en especial el cortisol. (No olvidemos que el estrés y el miedo son los mecanismos primarios fundamentales del cerebro límbíco..). Tal vez tengamos ahí una excelente clave para hacer frente al estrés creciente del mundo moderno. Además, el corazón segrega su propia adrenalina cuando lo necesita. Y sintetiza por sí mismo otras hormonas que hasta hace poco se creía que sólo las producía el cerebro y que tienen influencia directa sobre el comportamiento emocional; entre otras, produce la oxitocina, llamada “hormona del amor”. La libera en grandes cantidades cuando la persona se encuentra en estado afectuoso, como una madre con su bebé o dos enamorados. Las reacciones emocionales podrían pues no utilizar únicamente los circuitos del cerebro de la cabeza,  que hemos descrito con anterioridad, sino seguir otro camino pasando directamente por el cerebro del corazón.    

3) La comuicación biofísica: El corazón bombea sin cesar, y en cada latido envía a todo el cuerpo una potente presión sanguínea. Pues bien, se ha podido medir que la actividad eléctrica del cerebro es muy sensible a la actividad del corazón, y que existe una relación directa entre las ondas que, procedentes de corazón, llegan al cerebro a través de la presión sanguínea y la actividad de las ondas cerebrales. Se ha observado en particular, una relación directa entre la presión sanguínea, la respiración y ciertos ritmos del sistema nervioso autónomo. Al parecer, el ritmo cardíaco y sus variaciones constituyen el medio privilegiado por el que el corazón envía mensajes no sólo al cerebro sino también, directamente, al resto del cuerpo sin necesidad de “permiso del cerebro”. 

4) La comunicación energética: El cambo electromagnético del corazón es 5.000 veces más intenso que el del cerebro; en realidad es más potente que el de cualquier otro órgano del cuerpo. El corazón produce de 40 a 60 veces más  bioelectricidad que el cerebro, que en ese aspecto ocupa sólo la segunda posición.La energía eléctrica producida se transfiere a todas las células del cuerpo físico, uniéndolas así una a otras mediante un vínculo muy particular. La interacción magnética ha permitido a los investigadores explicar con mayor precisión el impacto que tiene la actividad cardíaca sobre las ondas cerebrales, impacto que no había podido ser explicado con los modos de comunicación anteriores.   

Se ha observado un hecho interesante, y es que el aspecto del campo magnético del corazón cambia en función del estado emocional. Cuando nos sentimos perturbados por emociones como estrés, miedo, frustración, etc., se vuelve caótico y desordenado. En términos científicos se habla de “espectro incoherente”. En cambio, cuando se experimentan emociones positivas, como gratitud, compasión, perdón, etc., el campo tiene un aspecto mucho más ordenado. Se obtiene lo que se llama un “espectro coherente”.

…Es evidente que estamos ante un circuito muy distinto…En él, la información es tratada en primer lugar por el cerebro del corazón y sólo después por el cerebro de la cabeza.

El circuito que utiliza sólo el córtex racional en su aspecto óptimo supone un claro progreso respecto al uso de los circuitos límbicos. Permite una percepción de la realidad mucho más objetiva y clara, aunque sea más lenta. Sin embargo, ya hemos visto sus limitaciones.

¿ Será el circuito del corazón un paso más en la evolución humana?  ¿En qué puede mejorar nuestra percepción de la realidad?…”    

El Maestro del Corazón,Pags: 66 a 72, Editorial Luciérnaga, Barcelona, España

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