ARMANDO CLAVIER

Los siguientes párrafos fueron  extraídos del libro Vigencia de Krishnamurti. Su autor, Armando Clavier, no sólo fué un gran traductor de la obra de K al castellano, sino una persona, que, según allegados, sintió y vivió la vida desde la Enseñanza. Es por esto último que centralmente  lo hemos elegidos para la difusión de su pensamiento en esta página:

» Las enseñanzas son un movimiento no verbal que se expresa verbalmente. El mismo proceso debe darse a la inversa: las palabras deben diluirse y dejar el lugar a la cosa misma que es el movimiento activo de la enseñanza: Ello penetra si no encuentra resistencia, si esas cosas que no son las palabras que lo nombran-yo, pensamiento, temor, seguridad- no erigen sistemas astutos de defensa contra su propia destrucción. Entonces la enseñanza se difunde, demoliendo lo viejo, lo decrépito, lo corrupto que miles de años han sedimentado en la conciencia de cada uno de nosotros y del mundo.

Entonces si es posible que algo cambie. De otro modo el mundo se llena de una nueva y profusa propaganda…..La difusión de las enseñanzas se da o no en el contacto de cada individuo con el movimiento, con la COSA que late tras de las palabras. La cosa actúa, transforma. Las meras palabras se acumulan, alimentan al pensamiento que es el centro de la enfermedad; el pensamiento que, fuera de su cause, esencialmente factual y comunicativo, es la enfermedad misma……

Introducción, página 23.-

«¿Para que vivo?» es una pregunta  absolutamente estéril si ella brota en busca de una respuesta. En cambio, resulta válida si es la expresión de una respuesta hondamente percibida en la aprehensión instantánea de la realidad. Eso es ACCIÓN. Cuando existe está acción, la humildad es inevitable como el latido del corazón mientras hay vida. Porque esta acción no se proyecta desde el centro psicológico; su esencia es impersonal. Entonces nada hay que imponer desde AFUERA al hombre, ningún hombre tiene nada que imponer a otros hombres; ni ideas, ni sistemas, ni doctrinas, ni conductas….El ser humano expulsa de sí el sentimiento de autoridad como al enfermizo.  Si no soy un esclavo psicológico, no tengo amos, ni internos, ni externos;  tampoco necesito esclavizar a nadie. No funciona en mí el sentido de posesividad, no quiero poseer, ni ser poseído. No es que» no quiera», eso directamente no tiene cabida, Entonces tampoco existe en mí el temor de perder. Tenga lo que tenga, nada poseo, ya no hay un «poseedor»; por lo tanto, nada puedo perder: y tampoco envidio; ¿que es lo que tengo que envidiar? Ni codicio, ni ambiciono….Entonces me convierto en un núcleo de salud en medio de la enfermedad.

Esa es MI responsabilidad humana. No la de ser un gran filósofo, o un artista, o un gran político, o un eminente científico, o un modesto empleado, o un anónimo jornalero, o un presidente, o un hippy, o un guerrillero, o un salvador violento o pacífico de la humanidad…La RESPONSABILIDAD que me concierne es la de convertirme en un núcleo de salud en este mundo insano. Eso es lo único que actúa, que se» difunde».  A partir de ahí es posible hablar de un «mundo mejor», de un mundo a la medida del ser humano. ¿Quien puede hacer un mundo a la medida del ser humano si no el SER HUMANO mismo?

¿Por donde empiezo? Página 213.-

Vigencia de Krishnamurti, Editorial Kier.-